viernes, 16 de septiembre de 2016

Runners

Son cerca de la cinco y yo estoy desde hace unos veinte minutos en un bar con mesas a la calle frente a la plaza Congreso. Es una tarde calurosa y agitada del mes de octubre. Siempre he creído que sentarse así, pedir una cerveza con palitos y dejar fluir por un rato el paisaje urbano es un ejercicio sanador y que ayuda a vivir.

Hablando de vivir, yo vivo a tres cuadras, alquilo un departamento en calle San José junto a mi mujer, Martina, y Pamela y Rocío, nuestras dos perras salchicha. Creo que constituimos una familia feliz. Martina es radióloga, está empleada en una clínica de Zona Norte y yo soy traductor y trabajo en dos editoriales pequeñas que funcionan en el Bajo.

También soy aficionado al running, salgo a correr tres veces a la semana, con la posibilidad de una cuarta los sábados si no estoy muy cansado. Corro en esta misma plaza ¿Es raro correr en una plaza? No lo sé, quizás. Pero la imposibilidad de contar con otro espacio cercano hace que yo y otros bichos como yo nos la pasemos girando y girando entre un número importante de pastores evangélicos, vendedores de pochoclo, palomas, gente en situación de calle y taxistas que duermen la mona. Solo hay que acostumbrarse al ruido y al aire viciado por los escapes.

Estoy, como decía, sentado en mi mesa, la moza ya trajo la cerveza y el plato con palitos. Me sirvo un vaso, me sirvo otro, ha pasado un buen rato de sereno estado contemplativo cuando por la senda de piedritas coloradas de enfrente me veo pasar a buen tranco. Digo bien: yo, que estoy sentado acá, me veo pasar por allá, corriendo por el camino de piedritas de la plaza.

Además de llevar una vida ordenada, creo que con Martina somos dos seres lógicos, no usamos drogas, no somos sugestionables, no creemos en magia negra, ni en ovnis, ni nos gustan las películas de sucesos paranormales. Somos, en suma, espíritus concretos. Ante la aparición me nace preguntarme qué almorcé al mediodía, o si estoy yendo bien de cuerpo, o cuánto tiempo de sueño llevo en las últimas cuarenta y ocho horas.

Mientras analizo la situación, mi doble ya ha pasado otra vez por enfrente para no dejar lugar a dudas. Como los días que vengo yo doy diez vueltas, me pregunto por cuál irá. No puedo arriesgarme a perderlo y quedarme con la idea de que he sufrido una alucinación, así que me incorporo y cruzo la avenida.

Es raro verse así, de afuera, con el pelo revuelto, la cara congestionada y boqueando como un besugo fuera del agua. Contrariamente a lo que uno imagina es una imagen desagradable, casi fea. Aquí estoy yo plantado en la pista y el tipo con mi aspecto que viene dando la vuelta a la esquina lo más campante. Al ver que le interrumpo el paso aminora la marcha y se detiene. Lleva la remera gris y los short que uso habitualmente. ¿Está sorprendido? Es obvio que tiene que estarlo. Pero entonces, ¿por qué no se conmociona? ¿A qué se debe tanta templanza, esa sonrisa estúpida?
- ¿Qué hacés, campeón? –dice.
- No, vos qué hacés? –lo increpo.

¿Cómo se inicia un diálogo con una copia de uno que, al mismo tiempo, es un desconocido? Porque si el sujeto este soy yo mismo, cosa que está por verse, es un yo fuera de mí y en términos estrictos, al estar fuera y ser la primera vez que lo veo, es un desconocido.

Mueve los pies en el sitio, me observa y sigue con la sonrisa. En principio descuento que los dos estamos viendo lo que sucede, así que intentar hablar sobre el clima es una estupidez. Junto coraje y voy al grano:
- Por favor decime que sabés lo qué está pasando –digo.
Deja pasar unos segundos, me mira y contesta que no, pero que viéndolo bien le parece re-loco y súper-potente.
Viéndolo bien le parece re-loco y súper-potente, repito. Es una respuesta provocadora, pero más que nada frívola. Le digo que a mí no me parece re-loco, ni súper-potente, ni una mierda. Levanto demasiado la voz. Me dice que no me ponga así, que lo tome con calma y que me siente en algún lado a esperarlo mientras termina las vueltas que le faltan.

Sé que tiene razón: se está enfriando y para un runner enfriarse a mitad de su rutina no es bueno. Vuelvo a la mesa, siento indignación y al mismo tiempo un extraño vértigo en el estómago. Se me ocurre que todo es una broma, que va a salir alguien de algún lado para decir que es una cámara sorpresa, va a volver el corredor para sacarse la cara de goma con mis facciones y todos vamos a reír y a aplaudir buscando una imagen con buena medición de audiencia.

-Tranquilizarte –dice él.
- ¿Tranquilizarme? ¿Eso es lo único que se te ocurre? –digo yo, volviendo a irritarme. Ha pasado un rato, mi copia concluyó con la corrida, yo pagué la cuenta, abandoné la mesa y ahora lo estoy sosteniendo mientras hace tres series de cincuenta abdominales. Se detiene y vuelve a estudiarme. Estamos en el sector de césped que se ubica haciendo cruz con el Cine Gaumont y desde hace unos minutos se han agregado otra media docena de corredores que pasan a pocos metros completamente ajenos a nuestro drama.
- Te tranquilizás y cuando termino nos vamos para tu casa -dice.
- ¿Vamos? ¡Voy, querrás decir!
- Bueno, vas, si eso te sirve.

Vuelvo a sentir el vértigo en el estómago, para ser sincero tengo todas las ganas de soltarle los tobillos, abalanzarme hasta su cuello y apretar, pero enseguida me digo que no sería inteligente. Pienso que mi vida feliz con Martina y con las salchichas ha llegado a su fin, que la aparición de un extraño, que para colmo es mi doble, ha resquebrajado para siempre el orden armónico de nuestro hogar.

- Sinceramente, ¿vos crees que puedo volver así como así con esta novedad?
Mi réplica termina la segunda serie, se apoya con ambas manos en el césped y suspira:
- Son cuarenta y ocho, a lo sumo setenta y dos horas.
- ¿Eso es lo que dura?
Dice que sí y que si lo tomo con calma y no vuelvo a levantar la voz me explica. Acepto. Entonces confiesa que cuando hace un rato yo lo abordé él mintió, que en realidad sabía.
- Lo que nos sucede tiene que ver con el running -dice.
Se me escapa una carcajada.
- ¡Es verdad! Las duplicaciones se producen por un cambio en la oxigenación del cerebro.
Y agrega que estuvo leyendo bastante, que la cabeza es un universo increíble, capaz de modificar la percepción de la realidad. Además –advierte– en nuestro caso no es la primera vez que sucede.

Vuelvo a impacientarme, le exijo que sea claro, que se explique como corresponde. Me pregunta si recuerdo febrero pasado, cuando volvimos de vacaciones con Martina y las perras de La Lucila.
- El primer lunes viniste a correr más o menos a esta hora, yo pasaba por Avenida Rivadavia hacia Callao y te vi.
- ¡No te creo!
- Como quieras.
- ¿Y por qué no me detuviste?
- Me asusté.
Pienso a velocidad: o el tipo este aprovecha que estoy alucinando para tomarme el pelo, o es un loco total. Le pregunto cómo, si estaba sucediendo algo tan grave, yo no me di cuenta. Me dice que trate de hacer memoria, que seguramente algo, alguna señal física, tuve. Dice:
- Cuando nos duplicamos yo siento un cosquilleo en la panza, como una náusea.

Le suelto los tobillos y me incorporo de un salto. ¡Es verdad: el cosquilleo en el estómago! ¡Lo tuve desde el momento en que lo vi. ¿Entonces está pasando de veras? ¿El pibe este no es un loco, ni estoy sufriendo una alucinación esquizoide?
De golpe siento miedo, estoy a merced de un tipo con mi cara que en un segundo se infiltró en mi tranquila existencia para cambiarla para siempre. ¿Qué hacer? Para lograr una respuesta debo saber qué es lo que pretende, cuáles son sus intenciones, que también vendrían a ser mis intenciones, o sus intenciones que al mismo tiempo son mis intenciones encarnadas en las suyas. Suena raro, pero por primera vez veo con claridad.

Sin acordarlo, saltamos la verja del sector del césped, cruzamos la calle y ahora vamos avanzando por Irigoyen hacia mi casa.
- Supongamos que te creo –le digo- y que por ese cambio en la oxigenación del cerebro y no sé que más sucedió esto. ¿Cómo seguimos? Vos y yo, ¿ahora qué hacemos?
- En principio, quiero que entiendas que es injusto que otra vez yo sea el que tenga que aislarse -dice.
Y comienza a hacer una larga descripción de los tres días de febrero en los que anduvo boyando de aquí para allá, sin dinero, durmiendo en una pensión en Constitución, con la angustia de haber perdido su identidad y de no saber cuándo la recuperaría.
- Te imaginarás que no podía venir y tocarte el timbre –dice. Sé que intenta conmoverme.
- ¿Y entonces? –digo con frialdad.
- Lo que quiero decir es que, si estás de acuerdo, ahora vamos hasta el departamento y como todavía falta una hora para que vuelva tu mujer del trabajo, te hacés un bolso y te vas vos.

Me detengo en seco y lo agarro del brazo. Mi otro yo ya no sonríe y en sus ojos por primera vez noto el apremio:
- Tomalo como unas vacaciones.
El vértigo en el estómago sube y baja en oleadas cada vez más violentas. Apelo a mi imaginación, trato de visualizar lo que propone, lo veo con mis pantuflas saliendo del baño, preparando el café, yendo al escritorio y encendiendo la computadora para continuar con mi trabajo. ¿Y las perras? ¿Pamela y Rocío cómo tomarían el cambio? ¿Sobretodo Rocío que es la del olfato más sensible? ¿Se darían cuenta de algo?

De golpe el rayo de un escalofrío me secciona en dos la columna vertebral: ¿Y mi esposa? ¿Y Martina? ¿El tipo este buscaría hacerle el amor a mi mujer? Técnicamente estaría en su derecho y Martina no habría concretado con otro. ¡No! ¡Es ridículo! ¡Completamente absurdo! Tengo que serenarme y pensar.

Ya doblamos por San José y estamos a una cuadra. Nos detenemos en la esquina de Alsina para dar paso al 64 que cruza hacia el Bajo como una exhalación. Me digo que tengo encontrar la forma de desarticular su plan. Pienso: las llaves de casa. Comento como al pasar que las llaves de la puerta del edificio a veces se me traban.
- ¿Me permitís las tuyas? –digo.

Él saca el manojo de su riñonera y me lo tiende. ¿Lo tomé por sorpresa o es un acto de inocencia? No importa. Porque ahora que el semáforo nos da paso, yo tenso el cuerpo, me estiro hacia adelante, inclino la cabeza como un ariete y corro. Son ochenta metros hasta la puerta, unos sesenta pasos y yo, con sus llaves en mi puño y con las mías en el bolsillo, sincronizo los brazos, ajusto la respiración y corro. Tanto él como yo estamos entrenados, pero yo estoy fresco y él viene de un esfuerzo de una hora. Son cincuenta, cuarenta, treinta metros, entrecierro los ojos, aspiro por la nariz, suelto por la boca y corro. Veinte, quince, diez, y finalmente el hall, el ascensor, la puerta y ya estoy por fin adentro, otra vez en poder de mí mismo, vuelto a la unidad y mucho más tranquilo.

viernes, 26 de agosto de 2016

Mami

(Reg. Prop. Intelectual Expte. Nº 797616)

Personajes:

José María
Mami
Juli
Adrián
Luquitas

La acción se desarrolla en la cocina y el living comedor de una casa antigua, reciclada con detalles de modernidad. Sobre la izquierda un sofá con una mesa baja, sillas y sillones; sobre la derecha la cocina separada por una barra con banquetas altas, a foro una ventana que da a la calle, entrada del exterior por la izquierda, sobre la derecha acceso al piso superior y al resto de la propiedad.


ESCENA 1

Se escuchan llaves en la puerta de entrada, entra JOSÉ MARÍA (40, aspecto juvenil,  moderno, algo descuidado, denota un discreto amaneramiento)
JOSÉ MARÍA: ¡Vení! ¡Pasá! ¡Pasá!
Nervioso, se vuelve y reingresa arrastrando del brazo a MAMI.
JOSÉ MARÍA: ¡Pasá! ¡Pasá! ¡Qué sorpresa!
La mujer (70) tiene el aspecto de alguien totalmente ido, la mirada extraviada, no habla ni registra el entorno, lleva un tapado oscuro, un sombrerito. Desde el patio se escucha ladrar a un perro.
JOSÉ MARÍA: ¡Qué sorpresa! Pero todo bien, ¡eh! Vos sentite cómoda, sentite tranquila. En  realidad parecés tranquila, el que estoy nervioso soy yo. Vení, sentate (levantando la voz) ¡Juli! ¡Juli! ¡Adrián!  Sentate, sentate. ¡Uf, qué agitación! En ésta, no mejor ahí (levantando la voz) ¡Juli! ¿Están?  No están, ¿qué hora es?, todavía no llegaron (el perro vuelve a ladrar insistentemente, JOSÉ MARÍA la ayuda a sentarse en un sillón. Se sienta enfrente, no logra superar el desconcierto) Ese es Black, pero vos no te preocupes, está en el patio y lo tienen siempre atado. Bueno, je. ¿Y?, cómo va. No sé, querés contarme algo… Yo bastante bien, igual, algo más delgado, ¿lo notás? Los chicos re bien, ¡cuando lo veas a Luquitas!  No lo vas a poder creer. Está en esa edad en que pegan el estirón (cambiando) Decime, una pregunta, ¿vos podés andar por ahí? ¿Salir? Digo, ¿cómo es?... Dejá, no importa, hablemos de cosas alegres. ¡Eso, alegría! Yo sigo viniendo, ¿viste? Antes más seguido. Antes en realidad era otra cosa. Me esfuerzo, no te creas, pero con Adrián no hay caso, no me llevo, no lo siento y eso no se puede disimular. ¿Qué pasa, qué mirás?  Ah, ¿lo reconocés? Tu sillón. Querés sentarte, vení, qué problema hay (la ayuda a levantarse, la sienta en el sillón, espera algún tipo de respuesta, pero enseguida desiste. Pasea la vista por el entorno) Creo que es lo único que queda.  Juli cambió todo, contrató un diseñador, se gastaron una fortuna pero quedó bien, ¿no? ¿Te gusta? Juli para todo lo que es decoración tiene buen gusto. Le va re bien en la tele, ¿sabés?, ¡va a ser una estrella!... En fin (suspira, se levanta y se acerca, le pasa las manos delante de los ojos) Vos escuchás lo que digo, ¿no? (va hasta un mueble, saca una botella de whisky y un vaso. Vuelve a ladrar el perro) Perdóname pero yo necesito una copita. ¡Uf! Una sorpresa. ¡Qué digo una sorpresa, una súper sorpresa! (cree que Mami mira la botella)  ¿Qué hay? Ah, no, ya no tomo más. Es decir, solo en algunas ocasiones. ¡Ponele ésta, ja ja! Si me ve Adrián que le agarro el whisky… (vacía el vaso de un trago, se sirve otro) La verdad que me costó dejar, vos viste, esos tratamientos son bastante ingratos, pero poniéndole voluntad. No te voy a mentir, Juli y Adrián me ayudaron un montón (se escucha ruido de llaves, se incorpora de un salto, esconde el vaso y la botella) ¡Ahí están! Cuando te vea Juli… ¡Juli, Juli, mirá con quién estoy!
Entran JULI (38), atractiva, impecablemente vestida, gafas negras, cargando varias bolsas de shopping y ADRIÁN (45), actitud distante, con indumentaria de golfista y cargando el bolso con los palos. Tiempo. 
JOSÉ MARÍA: ¿Y, qué me dicen?
JULI se saca las gafas, se acerca, mira a MAMI con gesto inescrutable, da unos pasos hacia JOSÉ MARÍA, vuelve hacia MAMI, la estudia unos segundos más, se le caen las bolsas, reprime un grito llevándose las manos a la boca.
BREVE APAGÓN


ESCENA 2

Continuación de la acción anterior, MAMI está sentada en el mismo sillón, ADRIÁN se mantiene a distancia, JOSÉ MARÍA y JULI la observan. JULI se lleva las manos a la boca para contener un sollozo, JOSÉ MARÍA se acerca para contenerla pero JULI lo rechaza. JULI, confusa, da unos pasos hacia ADRÍAN que también intenta abrazarla, JULI lo rechaza y sale corriendo hacia el interior de la casa. ADRIÁN reacciona contra JOSÉ MARÍA.
ADRIÁN: ¿Vos sos pelotudo?
ADRIÁN sale tras su mujer, JOSÉ MARÍA lo mira confundido.
APAGON


ESCENA 3

JULI está recostada en el sofá cubriéndose los ojos con una mano, JOSÉ MARÍA a su lado, de pie.
JOSÉ MARÍA: Primero no la reconocí. Yo salgo de la boca del subte, siempre vengo por Güemes, ¿viste?, pero como desde ayer estoy buscando un libro, me digo voy a la librería que está en Santa Fe a ver si lo encuentro, y entonces subo por Paraguay. Cuando doy la vuelta a la esquina veo a alguien sentado en el banco de la vereda. Estaba ahí, quietita, lo más tranquila y cuando me acerco…
JULI (en sus pensamientos): Okey, supongamos…Lo que yo digo es… Un planteo hipotético, una fantasía, pero supongamos que viniera alguien y me dijese… Por más loco, por más enfermo de la cabeza, viene y me dice… (desesperándose) ¡No, no, no hay forma, no hay forma, José!
JOSÉ MARÍA: ¿No hay forma de qué?
JULI: ¿Qué viene a ser esto?
JOSÉ MARÍA: ¿Cómo qué viene…? (tanteando) Es… es Mami.
JULI: ¡Sí, ya sé que es Mami, no soy ciega! (se incorpora, va hasta la ventana, vuelve. Vigilando que no escuchen desde adentro) Pero es imposible. ¡Imposible! ¿Vos lo entendés, no?
JOSÉ MARÍA: Creo que sí.
Tiempo.
JULI: Falleció hace tres años, José.
JOSÉ MARÍA: Dos años y ocho meses.
JULI: Dos años y ocho meses, cuál es la diferencia. ¡Pero se-mu-rió, crepó, ya no está!
JULI lloriquea. En la mesa baja hay un vaso con agua y un blíster de ibuprofeno, toma uno.
JULI: ¡Me estalla la cabeza!
JOSÉ MARÍA la observa.
JULI: ¿Qué mirás?
JOSÉ MARÍA: Nada, pensaba. Sabés, pasado el primer momento, quiero decir, pasada la sorpresa, cuando entramos y la ayudé a sentarse ahí… No sé, a mí me puso contento.
JULI: ¿Te puso contento?
JOSÉ MARÍA: Sí, el hecho de volver a verla, de reencontrarnos…
JULI: ¡Cómo te puede poner contento!
JOSÉ MARÍA: ¿Por qué?
JULI: ¿Por qué? Por mil razones. ¡Porque este tipo de cosas no suceden, porque van en contra de la naturaleza, porque son un rotundo disparate! (tiempo) Decime, ¿qué hace acá? ¿A ver? ¿A qué vino?
JOSÉ MARÍA: No sé (tiempo) ¿Pensás que tendríamos que llamar a alguien?
JULI: ¿A quién?
JOSÉ MARÍA: Y qué se yo. A Defensa Civil, al SAME.
JULI: ¡¿Estás loco?! ¡Con lo que es este barrio! (tiempo) A ver, vamos a ordenarnos: José, necesito que me prometas algo.
JOSÉ MARÍA: ¿Qué cosa?
JULI: Esto no puede salir de acá. Esto es un secreto. ¡Dale, promételo!
JOSÉ MARÍA: Está bien, tranquila. Lo prometo.
Se escucha ladrar al perro. Del interior de la casa ingresan ADRIÁN  llevando del brazo a Mami, y LUQUITAS  que los sigue a distancia. LUQUITAS es un adolescente gótico, vestido de negro, botas y rostro maquillado. Mami se lleva por delante una silla.
ADRIÁN: ¡Lucas, corré esa silla, serví para algo!
LUQUITAS  corre la silla y ayuda a MAMI a sentarse en un sillón. La observa, fascinado.
JULI: No le hables así, Adrián.
ADRIÁN: Qué hay, es su abuela, ¿no?
JULI: ¡Era!
Tiempo, se miran unos a otros.
JULI: ¿Y?
ADRIÁN: Y yo qué sé. No quiere ir al baño, no quiere caminar, tampoco quiere dormir. Yo hasta acá llegué, ahora ocupate vos.
LUQUITAS le toca la cara, le estudia las manos.
JULI: ¿Qué pasa, mi amor?
LUQUITAS: Se dan cuenta, ¿no?
JULI: ¿De qué?
LUQUITAS: ¿De qué? ¿Cómo de qué? ¿En qué planeta vivís, mamá? Esto es re groso. The walking dead, Guerra mundial Z, los muertos vivos, ¿no te suena?
JULI lo mira con resignación, LUQUITAS se pone junto a MAMI, apronta su celular y se saca una autofoto. ADRIÁN le arrebata el teléfono.
ADRIÁN: ¿Qué hacés?
LUQUITAS: ¡Dame mi teléfono!
ADRIÁN: Nada de fotos.
LUQUITAS: ¡Dame mi teléfono! ¿Qué tiene?
JULI: Papá tiene razón, Luqui.
LUQUITAS: ¿Por qué?
JULI: Es hasta que decidamos qué hacer. Después te sacás las fotos que quieras.
JULI vuelve a quebrarse. Se escucha ladrar al perro.
ADRIÁN: ¡Nabo, mirá como ponés a tu madre! (suprime la foto y le devuelve el teléfono) Ahora andá a seguir con lo que estabas.
LUQUITAS: No estaba con nada.
ADRIÁN: Bueno, entonces ordená tu cuarto. Andá a calmar a ese perro (su hijo no acusa recibo) ¡ANDÁ, TE DIJE!
LUQUITAS sale a disgusto.
JULI: ¿Por qué lo maltratás?
ADRIÁN: ¡Cortala, Juli, ya es un pelotudo grande!
ADRIÁN se acerca, estudia a MAMI, JULI y JOSÉ MARÍA observan sus movimientos. Tiempo. ADRIÁN se sonríe.
JOSÉ MARÍA: ¿Qué pasa?
ADRIÁN: Ustedes son increíbles.
JOSÉ MARÍA (con frialdad): ¿Y por qué somos increíbles?
ADRIÁN: ¿Vos decís que esta mujer es tu madre?
JOSÉ MARÍA: Obvio.
ADRIÁN: ¿Y vos, Juli?
JULI: Yo ya no sé ni lo que pienso.
ADRIÁN: Dejando de lado que si así fuese habría que convocar a una conferencia de prensa, yo te pregunto: ¿vos la reconocés? Digo, ¿no puede tratarse de alguien parecido?
JOSÉ MARÍA: ¿Me estás jodiendo?
ADRIÁN: Para nada.
JOSÉ MARÍA: ¿Para vos puedo ser tan ruin, tan mala persona como para no reconocer a mi propia madre?
ADRIÁN: Yo no dije eso.
JOSÉ MARÍA: ¡Es Mami, grabátelo en la cabeza, esa señora que ves ahí es nuestra madre! (cambiando, tocado, JOSÉ MARÍA se dirige a JULI) Cuando camina, ¿vos viste, Juli?, yo ya no recordaba. Esa forma de balancearse. Las manitos…
JULI se acerca y lo palmea.
JOSÉ MARÍA: La expresión de la boca, la mirada…
ADRIÁN: ¿La mirada?
JOSÉ MARÍA: Sí, la mirada, ¿qué hay?
JULI: Es verdad, José, ¿la mirada? Si tiene los ojos en cualquier parte (JULI estudia con detenimiento la cara de MAMI, JOSÉ MARÍA se sienta en el sofá, ensimismado. Tiempo.
ADRIÁN: ¿Y pensaron en la ropa?
JULI: ¿Qué pasa con la ropa?
ADRIÁN: ¿Cómo que pasa con la ropa? Es evidente ¿De dónde la sacó?
JULI: Es suya, los zapatos no sé, pero al sombrerito y al tapado los reconozco. ¡Adrián, no entiendo adónde querés llegar! ¿Por qué no hablás claro?
ADRIÁN: Que estás ciega, Juli, que esto no cierra por ningún lado. ¿Vos te acordás cuando reciclamos el primer piso y la terraza?
JULI: Sí.
ADRIÁN: ¿No me pediste que sacara toda la ropa de tu madre?
JULI: ¿Yo?
ADRIÁN: Sí, vos. Y la donamos al Cotolengo Don Orione.
JOSÉ MARÍA (volviendo de su ensimismamiento): ¿Vos donaste la ropa de Mami?
JULI: No, sí, bah, no me acuerdo.
JOSÉ MARÍA: Podrías haber preguntado, ¿no?, podría haber querido quedarme con algo de recuerdo.
JULI: ¿A qué viene eso, José? ¡El tema ahora es otro, te pido por favor! Acá está sucediendo algo grave. Acá seguro que hay una mano negra. Evidentemente alguien de mi entorno me quiere perjudicar.
JOSÉ MARÍA: ¿Alguien de tu entorno te quiere perjudicar?
JULI: ¡Sí! ¿Qué hay?
JOSÉ MARÍA (con intención): ¡No, claro, cierto que ahora sos una estrella de la televisión! ¡Juli, a veces no entiendo como podés ser tan frívola!
JULI: ¡Ay, basta, nene!
ADRIÁN vuelve hasta Mami y la observa.
JOSÉ MARÍA: ¿No traía una cartera, un monedero?
JULI: Creo que no.
JOSÉ MARÍA: Yo no le vi.
ADRIÁN: En ese estado es probable que la hayan choreado. Entonces, no hay documentos, tampoco hay efectos personales…
JULI y JOSÉ MARÍA observan a ADRIÁN, este saca de un bolsillo las llaves del auto Y levanta a MAMI de la silla de un tirón. A continuación, JULI, ADRIÁN y JOSÉ MARÍA la van a levantar y a volver a sentar alternativamente, como si fuera un paquete.
JULI: ¿Qué hacés?
ADRIÁN: Estás lenta, Juli. No hay identificación, nadie querría buscarla, son cosas que juegan a nuestro favor. Hay que actuar rápido, el auto está en la puerta.
JULI: ¡Estás loco! ¿Adónde la vas a llevar?
ADRIÁN: Ya se me va a ocurrir, antes de involucrarnos más hay que sacársela de encima.
JOSÉ MARÍA: ¡PERO VOS SOS UNA MIERDA DE PERSONA!
ADRIÁN: ¡Cuidado con la boca, estás en mi casa y no voy a tolerar que me insultes!
JOSÉ MARÍA: ¡Mami de acá no se mueve!
ADRIÁN: ¿Vos podés probar que es tu madre?
JOSÉ MARÍA: Juli, ¿escuchás esto?
JULI: ¡Córtenla, por favor!
JOSÉ MARÍA (quebrándose): Con lo que fue en vida esta mujer, con los sacrificios que hizo por vos, Juli. Tirarla a la calle, así, como a un perro…
JULI: ¡Ay, vos también pará con el melodrama, José! Serenémonos, tenemos que pensar…
Mientras discuten, MAMI se incorpora y lentamente va hasta la barra de la cocina. De golpe reparan en ella.
JOSÉ MARÍA: ¿Qué hace?
JULI: ¡Y yo qué sé!
MAMI  agarra un rollo de papel de cocina, corta las servilletas y comienza a comérselas.
JULI: ¡MAMI, SOLTÁ ESO! ¡AY, NO PUEDO VER! ¡ADRIÁN, POR EL AMOR DE DIOS, SACALE ESAS SERVILLETAS!
APAGÓN


ESCENA 4

Mañana siguiente, JULI, LUQUITAS y JOSÉ MARÍA están en la barra desayunando, a unos metros MAMI está sentada, inmóvil, con un repasador sobre la cabeza que le oculta la cara. JULI y JOSÉ MARÍA tragan sendas tostadas, LUQUITAS bebe su café con los head-phones puestos. Tiempo.
JOSÉ MARÍA: ¿Y adónde fue?
JULI: No sé, salió temprano. Vos también no hacés más que pelearlo.
JOSÉ MARÍA: Yo no lo peleo, Juli, es que no tiene filtro, ¿vos viste las cosas que dice?
JULI: Adrián es así, es frontal, dice lo que piensa. Vos ya lo conocés.
Siguen comiendo. Tiempo.
JULI: Luqui (levantando la voz) ¡LUQUI!
LUQUITAS se saca los head-phones.
LUQUITAS: ¿Qué hay?
JULI: Comete por lo menos una tostada.
LUQUITAS: No quiero.
JULI: No puede ser que te alimentes de aire.
LUQUITAS: No me alimento de aire.
JULI: Estás en el límite de tu peso, recordá lo que dijo el clínico. Te hago media con dulce.
LUQUITAS: Si querés hacela, pero no la voy a comer.
JOSÉ MARÍA (acaba su taza de un trago y se incorpora): Bueno, yo me voy.
JULI: ¡Sí, claro!
JOSÉ MARÍA: Juli, estoy destrozado. Yo fui el que se clavó en ese sofá. No dormí en toda la noche.
JULI: Me lo prometiste, hasta que no le encontremos una salida a esto vos te quedás.
JOSÉ MARÍA: No lo entiendo, estaba como conectada a dos veinte, no paraba de caminar, la volví a la silla doscientas veces. Hasta que a tu hijo se le ocurrió lo del repasador.
JULI: Ah, ¿fuiste vos?
LUQUITAS: Sí.
JULI: ¿Y no me pensabas contar?
LUQUITAS: No hay nada que contar. Cuando bajé serían las cinco, el tío estaba sacadísimo, mientras la abuela caminaba yo me puse a hacer café y entonces recordé lo del documental sobre pájaros: es lo que le hacen a los halcones cuando los entrenan para la caza.
JULI: ¿Halcones? ¡Ay, basta! ¡Esto es morboso, es enfermizo! ¡Luqui, sacale ese repasador, por favor!
LUQUITAS va hasta donde está Mami, le saca el repasador de la cabeza.
LUQUITAS: Lo que te decía, tío, ves como sigue con los ojos abiertos. Los muertos vivientes no duermen, en general tienen el cerebro lobotomizado.  Para estudiarlos hay que instalarles un microchips en la base del cráneo.
JULI: ¡No digas estupideces, hijo! Eso lo sacás de las películas asquerosas que ves.
LUQUITAS: ¡Es verdad!
JULI: Me estalla la cabeza. Desde ayer que no se me va con nada.
JULI saca otro ibuprofeno del blíster y lo traga con un vaso de agua. LUQUITAS se queda estudiando a Mami, en algún momento agarrará un tenedor y le pinchará los dedos para ver sus reacciones. Entra ADRIÁN proveniente de la calle, besa a JULI.
ADRIÁN: ¿Cómo va?
JULI: Mal.
ADRIÁN: Bueno, mientras ustedes dormían yo fui a buscar soluciones: recordé que en el estudio teníamos un contacto en la administración del cementerio, así que hablé por teléfono con el tipo. Obvio que le pedí absoluta discreción. Tengo buenas noticias: fue hasta la bóveda de tu familia, me dijo que el ataúd de tu vieja está tal cual, la bóveda no se abre desde la muerte de tu tía Adolinda. Conclusión: esta buena señora no sabemos quién es, pero olvidate que sea tu madre.
JOSÉ MARÍA: ¡Dios mío, este tipo!
ADRIÁN: ¡Con vos no estoy hablando!
JOSÉ MARÍA: ¿Por qué te metés? Si no es tu familia.
JULI (agarrándose la cabeza por el dolor): ¡Paren un minutito, por favor! Amor, te agradezco la preocupación y todo lo que estás haciendo, pero te pido algo: dejanos que con José nos vamos a ocupar.
ADRIÁN (tocado): Okey. Como quieran.
JULI: Te prometo que antes de la noche le vamos a encontrar una solución, ¿dale?
ADRIÁN: Dale. Entonces me pego un baño y me voy. Porque tengo una reunión y estoy llegando tarde.
ADRIÁN sale hacia el interior de la casa.
JULI (a LUQUITAS, que volvió a alimentar con servilletas a MAMI) ¡Lucas, te dije que no vuelvas a darle papel! 
LUQUITAS: ¿Me la puedo llevar a mi cuarto?
JULI: No.
LUQUITAS: ¡Un rato, nada más!
JULI: ¿SOS SORDO? ¡TE DIJE QUE NO!
LUQUITAS sale a disgusto.
JOSÉ MARÍA: Dejalo, Juli.
JULI: De ninguna manera. No es una mascota, ¿no?
Tiempo.
JOSÉ MARÍA: Yo, si me perdonás, necesito dormir un rato, en este estado no puedo pensar. Subo a la habitación de huéspedes, ¿puede ser?
JULI: Andá.
JOSÉ MARÍA sale. JULI termina su taza de café, observa de reojo a MAMI, comienza a incomodarse. Coloca las tazas y los platos en la bacha, va hasta el sillón, cada vez más ansiosa acomoda almohadones. Se vuelve de golpe.
JULI: ¿Soy una egoísta? Decilo. Yo sé que para vos soy una egoísta. ¿O no?... Nunca lo demostraste, pero en el fondo lo pensás.... “José es débil, a José hay que apoyarlo” ¿Sabés las que tuvimos que pasar con José?... (bajando la voz) Además de que lo enamoran los hombres, tu hijo es alcohólico. ¿Vos lo sabías?… ¿Sabías que ahora vive de lo que yo le doy? Obviamente se lo oculto a Adrián porque se volvería loco... Así de feo es el mundo, así de cruel, siempre distinto a como lo soñamos... Vos nunca lo quisiste ver, pero yo sí, yo lo veo todos los días. No vivo quejándome, no lloro por los rincones, “se hace lo que hay que hacer”, como decía Papi… ¿Con vos me cerré, con vos me hice dura? Puede ser… Pero al final conseguí armar algo: lo tengo a Adrián, lo tengo a Luqui, ¿viste lo grande que está Luqui? Estoy trabajando bien, conseguí la conducción del noticiero en el horario central. Canal 12 es un medio importante que llega a todo el país. La gente me para por la calle, ¿sabés?... Pero no es eso, ¿verdad? Esa vida de la que hablabas, ¿dónde está?, ¿qué era, una metáfora, una parábola como la de los cuentos que me contabas? Yo la busqué, te juro, y cómo la busqué... Me hubiera encantado escucharte, me hubiera encantado que me dijeras, que me susurraras, como cuando venías a darme el beso antes de dormir, que era así, como en los cuentos… (se inclina hacia MAMI, la acaricia) Que la gente como vos se vaya es tan triste… ¿Estás acá? ¿De veras viniste? (cambiando) Uf, ya ni sé lo que digo. Es este dolor de cabeza, perdoname. Ahora tengo que subir a hacer un par de llamados, si necesitás algo, cualquier cosa… Vos tranquila, descansá, ¿sabés?
JULI se comienza a ir y se vuelve, duda, le coloca el repasador en la cabeza. Finalmente sale.
APAGÓN


ESCENA 5

JOSÉ MARÍA está dormido en el sofá, entra JULI y lo sacude.
JULI: ¡Despertate!
JOSÉ MARÍA: ¡Eh!
JULI: ¿Qué pasó? ¿Dónde está?
JOSÉ MARÍA: ¿Quién?
JULI: Mami, José, ¿dónde está?
JOSÉ MARÍA (aún dormido, señalando un sillón): Ahí.
JULI: La tenías que vigilar hasta que yo volviera. ¿Era tan difícil? ¡Cómo puede ser que seas tan inútil!
JOSÉ MARÍA: Te juro que estaba ahí, tenía el repasador puesto (confundido, se incorpora, comienza a recorrer la escena) ¿Buscaste arriba?
JULI: Sí.
JOSÉ MARÍA: ¿En las habitaciones? ¿En el patio, te fijaste?
JULI se sienta en el sofá.
JULI: ¡Estoy harta, agotada! Esto es un desastre y a nadie parece importarle. En el Canal preguntan, me ven desconcentrada. Lo último que yo necesito es un escándalo.
JOSÉ MARÍA: Pará, estás paranoica.
JULI: ¿Paranoica? ¡¿José, vos en qué planeta vivís?! La gente es dañina, está esperando que te equivoques.
JOSÉ MARÍA: Es un asunto familiar.
JULI: Rayano en la locura, injustificable. Una familia conocida conviviendo con su madre vuelta de la muerte. ¿Te parece que alguien podría comprenderlo?
JOSÉ MARÍA se incorpora, va hasta la cocina y se moja la cara. Tiempo.
JOSÉ MARÍA: Juli.
JULI: ¿Qué?
JOSÉ MARÍA: ¿Y si se fue?
JULI: ¿Qué querés decir.
JOSÉ MARÍA: Claro, ¿qué pasa si se fue? Si como apareció se fue, volvió al lugar de donde vino.
JULI (se estira en el sofá, cierra los ojos): No sé, ya no puedo pensar.
Llega ADRIÁN.
ADRIÁN: ¿Qué pasa?
JULI: Mami desapareció.
ADRIÁN: ¿Se fue?
JOSÉ MARÍA: Ves, es lo que yo digo, Juli, se fue.
ADRIÁN: Se fue. No se rompan la cabeza. Si se fue, se fue. No encontró el filón y se mandó a mudar.
JULI: ¿Qué querés decir?
ADRIÁN: Yo me entiendo. Ahora, por favor, ¿podemos volver a la normalidad? Esto ya no parece una casa: no se almuerza, no se cena, desapareció el personal doméstico. ¿Hasta cuándo le diste franco a la chica?
JULI: Viene el martes.
Entra LUQUITAS llevando a MAMI, la conduce de una cadena atada al cuello, como usan los góticos, MAMI también está maquillada y caracterizada de gótica. ADRIÁN se le va encima a LUQUITAS, JULI se incorpora del sofá y se interpone.
ADRIÁN: ¡TE VOY A ARRANCAR TODOS LOS PELOS!
JULI: ¡Por favor, Adrián!
ADRIÁN: DECIME, ¿QUÉ TENÉS EN LA CABEZA, ANIMAL? ¿DE DÓNDE LA TRAÉS?
LUQUITAS se cubre detrás de su madre.
JULI: Es un chico.
ADRIÁN: ¿Un chico? ¡Dejate de joder! Yo a los quince años estudiaba y trabajaba. No hacía el payaso disfrazado de “hombre manos de tijera”.
JULI: Luqui, no le hagas caso, vos hablá conmigo, ¿adónde llevaste a Mami?
LUQUITAS: Con los chicos.
JULI: ¿Y por qué la llevaste con los chicos?
LUQUITAS: La querían conocer. 
JOSÉ MARÍA: ¡La querían conocer! ¿Y qué le hiciste en la cara?
LUQUITAS: Nada.
JULI: ¿Cómo nada, Luqui? ¡No somos ciegos!
LUQUITAS: La produje un poco para que pasara desapercibida.
ADRIÁN: ¡ME IMAGINO, EN LA CALLE NO LOS DEBE HABER MIRADO NADIE!
JULI: ¡Pará, Adrián!... Luqui, concentrate en esta pregunta: ¿por dónde fueron? ¿Pasaste por la galería?
LUQUITAS: Por enfrente.
JULI: ¿Maruca estaba en el negocio?
LUQUITAS: No sé.
JULI (desesperándose): ¿Cómo que no sabés?
ADRIÁN: ¿Esa vieja todavía no se murió?
JULI: No, no se murió, Adri. Era su amiga, y vos sabés lo envidiosa, lo dañina que es.
JOSÉ MARÍA: Pero así como está, seguro que no la reconoció.
JULI: ¡No lo sabés! Te apuesto a que si la reconoció en un rato tenemos a la prensa en la puerta. ¡Dios santo, por qué me tienen que pasar estas cosas!
ADRIÁN (yendo otra vez contra LUQUITAS): ¡YO TE REVIENTO!
JOSÉ MARÍA (interponiéndose): ¡Pará, Adrián! ¿Por qué no nos serenamos un poco?
Tiempo. LUQUITAS levanta una mano.
LUQUITAS: ¿Puedo decir algo?
JULI: A ver.
LUQUITAS: Según Erni, la abuela fue víctima de un hechizo vudú.
ADRIÁN: ¡Perfecto!
LUQUITAS: Dice que un brujo la abordó con algún engaño y le absorbió el alma para luego traspasarla a una botella; después la abuela tuvo el ataque, murió y fue enterrada. Entonces el brujo profanó la tumba para poner debajo de la nariz de la abuela la botella con su alma, mientras le administraba un preparado especial hecho de hierbas…
ADRIÁN: ¡Qué divino!
JULI (a Adrián): Dejalo expresarse.

ADRIÁN (irónico): ¡Expresate, hijo! 
LUQUITAS: Una vez resucitado, el cuerpo de la abuela no descansa ni puede ingerir alimentos, lo mejor es que sólo coma papel porque sino volvería a su condición mortal y al instante entraría en descomposición.
ADRIÁN: Solo una pregunta: ¿Vos y tus amiguitos con qué se drogan?
JULI: ¡PARÁ, ADRI!
LUQUITAS: Ya convertidos, a los zombis se los puede emplear de autómatas en varias ocupaciones: para ayudar en las tareas de la casa, en la limpieza…
ADRIÁN: Y si tenés problemas con las materias también te puede ayudar en los exámenes. ¡DEJATE DE DECIR GANSADAS Y ANDÁ YA MISMO A TU CUARTO! 
JULI: ¡CORTALA, POR FAVOR! Luqui, escuchame bien lo que te voy a decir: te prohíbo que vuelvas a sacar a Mami, ¿de acuerdo? (LUQUITAS no contesta) ¿DE ACUERDO?
LUQUITAS: Sí. De acuerdo.
JULI: Ahora vení y dame un abrazo.
LUQUITAS abraza a JULI.
APAGÓN


ESCENA 6

Atardecer.  JOSE MARÍA está sentado junto a MAMI, saca fotografías de una caja, las mira, se las pone delante de los ojos.
JOSÉ MARÍA: Creo que esa Navidad no hubo fotos. Estas las sacó el tío Tito, Papi le pidió copias. Fijate que todavía está la abuela. Creo que murió ese año, ¿no? (pasa a otra foto) Acá tengo el yeso, es en el ochenta y cuatro. Ochenta y cuatro u ochenta y cinco. Si están Lucía y Pato son las vacaciones de invierno. Te acordás cómo protestaba Papi porque dábamos vuelta la casa… Acá hay otra en el patio. Con el pelo así Juli parecía un chico… A vos te gustaba eso, ¿no? Digo, la gran familia reunida, la casa siempre llena de gente, todos en la cocina tomando la leche, corriendo por el comedor, o pateando la pelota en el garaje y rompiendo los vidrios…
JOSÉ MARÍA le toma la mano a MAMI y la pone en su nuca. Entra JULI con un salto de cama, pantuflas, unas anteojeras para dormir en la frente y el cabello revuelto. JOSÉ MARÍA se sobresalta y se saca la mano de MAMI. JULI va hasta la canilla, se sirve un vaso de agua y se traga un ibuprofeno.
JULI: ¿Qué hacés?
JOSÉ MARÍA: Nada, encontré esta caja en el cuarto de arriba.
JULI se sienta y le saca la foto que tiene JOSÉ MARÍA en la mano.
JULI: ¡Qué horror lo que parezco con ese pelo! (agarra otra foto de la caja) El tío Ernesto y la tía Delia. ¡Por Dios! (le da la foto a JOSÉ MARÍA) Se instalaban en casa el verano entero como si estuvieran en un hotel.
JOSÉ MARÍA: No seas mala.
JULI: ¡Sí es verdad! Unos vivos. Se pasaban dos meses de arriba, Mami les hacía de sirvienta, los atendía como a reyes. Mostrásela (JOSÉ MARÍA pone la foto delante de los ojos de MAMI) ¿Te acordás, Mami, del vividor de tu hermanito? ¿Te acordás cuando fuimos a San Luis a visitarlos, a la tía Delia de golpe le dio una gripe repentina y ni siquiera nos sirvieron una mísera taza de té?
Sacan otras fotos de la caja.
JULI: Tu fiesta de egresados.
JOSÉ MARÍA: Ajá.
JULI: ¡La cara que tenés! Ahí tus amigos ya se habían tomado todo el clericó (alza otra foto) Acá hay otra. Está Andrea, Marina, ¿yo dónde estoy?
JOSÉ MARÍA: Perdida en algún rincón oscuro con Gustavo Prato.
JULI: ¿Sí?
JOSÉ MARÍA: ¿Perdiste la memoria? Por esa época te ibas violando uno a uno a todos mis compañeritos.
JULI (ríe): ¡Qué malo! ¡Vos de envidioso!
Tiempo.
JULI: No tiene sentido.
JOSÉ MARÍA: ¿Qué cosa?
JULI: Esto, José. Hacer como que está.
JOSÉ MARÍA: Es que está.
JULI: No está.
JOSÉ MARÍA: No lo sabés. Por ahí está pero de una forma que vos y yo no podemos comprender.
JULI: Es estúpido, es absurdo. Yo ayer le hablé.
JOSÉ MARÍA: Y está muy bien, Juli, yo también le hablo, le hablo todo el tiempo. Escucha, estoy seguro de que es como esos pacientes que están en coma, que aunque no logran hacerse entender escuchan.
JULI: No. Es una locura.
JOSÉ MARÍA: Te voy a contar algo que no sabés: en la clínica donde estaba internada ella tenía a alguien.
JULI: ¿Cómo a alguien?
JOSÉ MARÍA: A alguien. Un amigo.
JULI: ¿Un novio? (JOSÉ MARÍA asiente) ¡Me estás jodiendo! (ríe) ¿Y vos lo conociste?
JOSÉ MARÍA: No.
JULI: ¿Y por qué no me contaste?
JOSÉ MARÍA: No quiso. Le daba pudor. Me hizo prometer...
JULI: Que no me podías decir nada. Ustedes dos siempre se aliaron...
JOSÉ MARÍA: Estás equivocada. Mami siempre te admiró.
JULI: Me tenía miedo.
Vuelven a mirar fotos. Tiempo.
JOSÉ MARÍA: ¿Por qué nunca fuiste?
JULI: No lo sé.
JOSÉ MARÍA: Cuando falleció…
JULI: Yo me quedé en Miami y no viajé...
JOSÉ MARÍA: No iba a decir eso. Cuando falleció, en una caja llena de remedios encontré un papel.  Con el problema en las manos y todo había escrito una carta, era para mí, casi no se podía entender la letra. Ahí puso lo del reloj y la cadena de la abuela, y después decía algo así como que estando vos conmigo ella se quedaba tranquila.
JULI: No entiendo.
JOSÉ MARÍA: Claro, que estando vos yo iba a estar a salvo, que me ibas a proteger y que eso la hacía irse tranquila.
Tiempo.
JOSÉ MARÍA: Mirá, Juli, yo estuve pensando: mejor me la llevo.
JULI: ¿Qué decís?
JOSÉ MARÍA: Me la llevo conmigo, ¿qué tiene?, para vos es un problema que esté acá.
JULI: Eso es una locura.
JOSÉ MARÍA: Me puedo arreglar, si ni siquiera necesito otra cama.
JULI: Hay que soltarla, José, hay que dejarla ir.
JOSÉ MARÍA: ¿Adónde?
JULI: No lo sé, pero hay que soltarla.
JOSÉ MARÍA: Si vino es por algo, nos está queriendo decir algo. ¿Y si está extraviada?  ¿Y si está perdida y muerta de miedo? ¿Adónde va la gente perdida? Suponete que vos tenés un accidente, suponete que estás en una ruta desconocida y es de noche. Estás sola, paralizada por el susto, no sabés si estás herida. ¿Adónde te surgiría llamar? ¿Adónde querrías con más fuerzas volver? A tu casa, con Adrián, con Luquitas, a tu familia. Es lo que a uno le nace por instinto. Sobre todo siendo como era ella, Juli. Somos su sangre. ¿A quién más puede recurrir en este mundo?
JULI: Es que ya no está en este mundo. No se puede retener a los que se van, hay que aprender a despedir, es la única forma de seguir adelante. Yo ya la despedí (a MAMI)  No es que no te quiera y no te extrañe, pero yo te despedí. No podemos forzar al tiempo, no podemos volver a estar como antes…
MAMI de golpe se incorpora y se pone a caminar en círculos.
JULI: Mirala, ¿A vos te parece que está con nosotros?
JOSÉ MARÍA se incorpora, la toma del brazo y camina con ella.
JOSE MARÍA: No lo sé, lo que sí sé es que yo no puedo dejarla así. Vení, caminemos un rato los tres, como cuando íbamos a Traslasierra.
JULI: Eso fue hace treinta años, José.
JOSÉ MARÍA: ¿Y qué hay? ¿Te acordás cuando salíamos de noche por la montaña? Vos protestabas todo el tiempo.
JULI: Porque nunca me gustó caminar, prefería quedarme con Papi.
JOSÉ MARÍA: ¡Dale, vení!
JULI: ¡Por Dios! Agarrados así parecen dos locos de neuropsiquiátrico.
JOSÉ MARÍA: ¡Dale!
Resignada, JULI se incorpora, toma del otro brazo a MAMI. Los tres caminan en círculo.
JOSÉ MARÍA: Tres.
JULI: ¿Qué decís?
JOSÉ MÁRÍA: Que parecemos tres locos de neuropsiquiátrico.
APAGÓN

ESCENA 7

Se escucha ladrar al perro. JOSÉ MARÍA está sentado en la barra de la cocina tomando un vaso de jugo. El perro ladra insistentemente, escuchamos un grito de JULI desde el patio, entra LUQUITAS proveniente de la planta superior, JOSÉ MARÍA se incorpora de un salto.
LUQUITAS: ¿Qué pasa?
JOSÉ MARÍA: No sé. Es tu mamá (levantando la voz) ¿Qué pasó, Juli?
LUQUITAS: Está en el patio.
Ambos salen por derecha corriendo. Ladra el perro, los gritos de Juli, se repiten.
OFF JULI: ¡Por Dios! ¡Sacásela!
OFF JOSÉ MARÍA: ¡Fuera, chicho! ¡Fuera!
OFF JULI: ¡Luqui, llamalo, que la suelte!
OFF LUQUITAS: ¡BLACK, SIT, BLACK! ¡BLACK, SIT!
OFF JULI: ¡Hay por Dios! ¡Atá a ese perro!
OFF JOSÉ MARÍA: ¡Sostenela! ¡Ayudame a llevarla!...
Ingresan los tres trayendo a MAMI. A la altura del hombro izquierdo tiene la manga del saco hecha girones y le falta el brazo. En ese momento se escucha la llave y entra proveniente de la calle ADRIÁN.
ADRIÁN: ¿Qué pasó?
JOSÉ MARÍA: Una desgracia.
JULI (lloriqueando): Black, se desató y cuando yo salí ya le había comido el brazo.
ADRÍAN: ¿Quién sacó a tu madre al patio?
JOSÉ MARÍA: Yo.
JULI: ¡José, te dije que estando el perro Mami no podía salir!
JOSÉ MARÍA: ¡Perdón, no me di cuenta!
ADRIÁN: ¡Qué pedazo de idiota! (acercándose a MAMI, le estudia la herida). Increíble. Se lo arrancó limpito.
JOSÉ MARÍA, corre detrás de la barra y vomita en la bacha de la cocina.
JULI: ¿Y ahora qué hacemos?
ADRIÁN: Nada
JULI (desesperándose): ¿Cómo nada?
ADRIÁN: ¿Qué querés, llamar a un médico?
LUQUITAS: Tiene razón, mamá. No te preocupes porque los zombis no sangran, tampoco sienten dolor.
JULI: ¡Esto ya no da para más! ¡Adrián, cubrile esa herida, por el amor de Diós! ¡Habíamos dicho que no había que sacarla al patio!
JOSÉ MARÍA (recuperado): Ya pedí perdón. ¡No me di cuenta, PERDÓN! ¿OK?
JULI, LUQUITAS Y JOSÉ MARÍA y ADRIÁN se miran, miran a MAMI, vuelven a mirarse.
APAGÓN

ESCENA 8

Medianoche, MAMI, sin el brazo izquierdo, la misma actitud ausente, ocupa el centro de la escena sentada en una silla. Entra ADRIÁN en pijama proveniente de la planta alta, va al mueble en busca de un vaso y la botella de whisky, se sirve. Se escucha del piso superior la voz de JULI.
OFF JULI: Adri, ¿qué hacés?
ADRIÁN: Ya voy.
Al pasar, ADRIÁN observa a MAMI, está por irse pero se vuelve. Está algo bebido.
ADRIÁN: ¿Y? ¿Cómo la estamos pasando, suegrita? Disculpe lo del brazo, les tengo dicho que ese perro de mierda es un peligro (pasea una mirada por el ambiente) ¿Y, le gusta cómo quedó la casa? Parece otra, ¿no? Entre nosotros, estaba muy descuidada, poco mantenimiento. ¡Su marido, la verdad que un vago importante, eh!…
Vigilando que no haya terceros, ADRIÁN va en busca de una silla, la arrastra junto a la de MAMI, la pone al revés y se sienta a caballo. Cambiando.
ADRIÁN: Dígame, doña, ¿vale la pena todo esto? Sentada en una silla toda la noche, tomando frío, acalambrada. El dolor que le debe estar causando esa herida. Usted debe ser una mujer bastante grande (se tienta, lanza una carcajada, casi no puede hablar por la risa) ¡Comer papel! ¡Eso es genial! ¡Es extraordinario! Déjeme adivinar: a que es actriz.  Ahí está: es actriz, quiero decir era actriz. Una actriz retirada, hace años que dejaron de llamarla, sin trabajo, resentida con el mundo. ¿Estoy muy lejos? Entonces la ve a Juli en el noticiero de Canal 12 y se dice: puedo despuntar el vicio de la actuación y hacerme unos pesos. ¿Se le ocurrió a usted sola? ¿Con quién lo planeó? Lo que no me termina de cerrar es lo del parecido. ¡Es notable! Es muy parecida a la finada. Yo casi entro, ¿sabe?, casi me convence (pega su cara a la de MAMI, la agarra del mentón) ¿Hasta cuándo todo este puto circo, doña? Yo a las de su calaña las tengo bien fichadas, ¿sabe las tipas como usted que pasan por el estudio? (cambiando) Bueno, pero no hay que alterarse.
En el siguiente parlamento, ADRIÁN se incorpora, vuelve lentamente la silla que había acercado a su lugar, agarra el bolso con los palos de golf y lo acerca. Busca un palo, lo saca, lo sopesa, se decide por otro. Se para apuntando a la cabeza de MAMI, haciendo los movimientos y tomando distancia. 
ADRIÁN: Repasemos su plan maestro. Qué le diría -usted, yo, el vecino de la vuelta- a alguno de sus mayores ya desaparecidos. Algo que en vida del difunto no consiguió comunicar, o porque no se atrevió o porque lo fue postergando hasta que se hizo demasiado tarde. Pero entonces, de golpe, ¡aleluya!: milagrosa aparición, regreso inesperado, y la posibilidad de saldar esa vieja deuda, de expresar aquello que le quedó AHI…
De pronto ejecuta el golpe, pero lo detiene a centímetros de la sien izquierda de MAMI. La mujer ni pestañea, ADRIÁN la contempla con asombro, pero enseguida se rehace.
ADRIÁN: … que le quedó ahí, decía, atravesado. ¡Una buena idea, una idea excelente! Lástima que uno sea tan poco romántico, que sea tan desconfiado (volviendo a violentarse) Ahora, doña, si no se desangró por lo de ese brazo, si todavía no se mando a mudar y le queda algo de inteligencia, sabrá que en este momento usted es una puta intrusa, a la una de la madrugada, metida en el puto living de mi domicilio. Y si se me antoja, si junto el coraje, yo puedo golpearla ASÍ, ASÍ, ASÍ (con el palo de golf simula golpearla una y otra vez) hasta hacerle puré la cabeza. Después llamo al 911 y elaboro una pequeña historia…
Vuelve a escucharse a JULI desde el piso superior.
OFF JULI: Adri, dale, ¿qué hacés?
ADRIÁN: Ya voy, ya estoy subiendo, amor.
ADRIÁN deja el palo de golf, va hasta el mueble de dónde sacó el whisky y vuelve trayendo un fajo de dinero.
ADRIÁN: Le pido que preste atención porque es única oferta: yo me voy a olvidar esto acá (suelta el fajo sobre la falda de MAMI) Son diez mil pesos en billetes de cien. Usted los guarda, antes de que amanezca sale por esa puerta y no le vemos más el pelo ¿Es un trato? (le agarra la mano y se la sacude) Lo tomo por un sí. Fue un gusto. Ahora si me disculpa tengo que subir.
ADRIÁN  alza el vaso de whisky, apaga la luz y sale. MAMI queda iluminada por una luz cenital. Entonces, tras unos segundos la expresión de MAMI comenzará a cambiar, será una transformación paulatina, sus ojos irán cobrando vida, su expresión inteligencia. Ya consciente, observará el entorno, reconocerá la casa, la manga hecha girones y su brazo faltante, el fajo de billetes en su falda. Se descubrirá sola, mirará al público a los ojos, transmitiendo con intensidad el dolor y el desencanto que le provoca esa realidad, moverá los labios una y otra vez intentando decir algo. Y así, tan fugazmente como sobrevinieron, culminarán esos segundos de contacto. Su mirada volverá a perderse, retornará la expresión ausente, los movimientos de autómata. Entonces, con la mano sana romperá el fajo y comenzará  a comerse los billetes.
APAGÓN


ESCENA 9

JOSÉ MARÍA está tirado en el sofá, pesadamente dormido, entran JULI y ADRIÁN provenientes de la calle. ADRIÁN se sienta en un sillón y abre el diario que acaba de traer, JULI mira la hora, mira a su hermano y vuelve a mirar la hora.
JULI: ¿Cuánto hace que duerme?
ADRIÁN: Salimos a las cuatro, hará unas dos horas y media.
JULI: ¿Qué le diste?
ADRIÁN: Tranquila.
JULI: Adrián, por lo menos, ¿sabés qué le diste?
ADRIÁN: Es un anestésico de cuando operaron al perro, creo.
JULI: ¿Cómo qué creés? ¡Vos sos un inconsciente! Y lo mezclaste con alcohol, sabiendo que él no puede tomar alcohol.
ADRIÁN: (señala el par de porrones vacíos que hay en la mesita): ¡Se lo di con cerveza, Juli, no rompas!
Tiempo.
JULI: Lo que hicimos es espantoso.
ADRIÁN: No lo es.
JULI: ¡No era tu madre!
ADRIÁN: Precisamente, porque no era mi madre.
JULI: ¿Qué querés decir?
ADRIÁN: Que  necesitabas de alguien que pudiese poner la cabeza en frío, que supiese qué hacer. Además te recuerdo que tu madre me morfó un fajo con 10 mil pesos (Tiempo. Cambiando) Estaba pensando, Juli, el próximo fin de semana largo podríamos irnos a Uruguay y si querés lo llevamos a José (JULI no responde) Por ahí conoce un amiguito, se pone de novio y nos lo sacamos de encima por un tiempo (JULI ídem) ¡Dale, Juli, cambiá la cara!
JULI: ¿Y si está intoxicado? ¿Y si no despierta? Además si Luqui lo ve así se va a asustar.
ADRIÁN: ¡Qué obsesiva, por favor! (se incorpora a desgano, sacude a JOSÉ MARÍA) ¡José, José, despertá!
JOSÉ MARÍA se despierta sobresaltado, da un salto del sofá.
JOSÉ MARÍA: Eh, ¿Cuántos hay? ¿Dónde están? ¿Qué pasó? (trastabilla)
ADRIÁN: ¿Estabas soñando?
JOSÉ MARÍA: Uf, me siento terrible, me da vueltas la cabeza. ¿Qué hora es?  (mira los porrones, gradualmente comprende y va sobre ADRIAN) ¡VOS SOS UN HIJO DE PUTA! ¿QUÉ ME DISTE? ¿DÓNDE ESTÁ MAMI?
JULI (se interpone): ¡Pará, José!
JOSÉ MARÍA: Por eso insistía con las cervezas. ¡Tu marido no tiene escrúpulos! ¡Tu marido es una mierda de persona!
ADRIÁN: No es para tanto.
JOSÉ MARÍA: Juli, ¿y vos?... ¡No lo puedo creer!
JULI (sosteniéndolo): ¿Te sentís bien?
JOSÉ MARÍA: ¡No me toques! ¿Adónde la llevaron?
Tiempo.
JOSÉ MARÍA: Te hice una pregunta.
JULI: No daba para más, José, vos lo sabés bien.
JOSÉ MARÍA: ¿Adónde la llevaron?
JULI (con dificultad): Adrián pensó… Mejor dicho, se nos ocurrió que sacándola de la ciudad… a algún lugar… de Provincia…
JOSÉ MARÍA: No iba a poder volver, no la ibas a tener de nuevo acá en la puerta, ¿no es cierto? ¿Adónde la llevaron?
JULI: Por autopista para el oeste. Después tomamos la ruta cinco…
ADRIÁN: La siete
JULI: ¿Cómo?
ADRIÁN: Que tomamos la siete, no la cinco, Juli. Si tomábamos la cinco hubiéramos ido para el lado de Chivilcoy. Pero a tu hermana le agarró una crisis y discutimos.
JULI: Pegamos la vuelta, y mientras volvíamos empezamos a barajar posibilidades más cercanas.
JOSÉ MARÍA (sacado, vuelve a ir sobre ADRIÁN): ¡¿DECIME ADÓNDE?!
ADRIÁN: Al cementerio.
JOSÉ MARÍA (acusa el golpe, lloriquea): ¿Al cementerio?
JULI: La llevamos hasta la entrada. La bajamos  y nos quedamos en el auto para ver qué hacía. Yo dije “si vemos que no sabe para donde ir, si vemos que duda, o que no quiere…”  (JULI se quiebra)  Pensé en lo que habías dicho vos, que a su manera pero que ella igual comprendía. Entonces se quedó parada. Yo sentí que iba a reaccionar, que iba a levantar la vista y que me iba a mirar. Estábamos ahí, apenas a cinco metros de distancia... Pero se dio vuelta y entró.
ADRIÁN: ¡Te juro por la vida de tu hermana y de Luquitas que entró, José!
JULI: Empezó a caminar lento, primero apenas movía los pies y después fue acelerando, cada vez más rápido. Entonces ya no pude mirar.
ADRIÁN: Le dije que nos fuéramos, arranqué el auto y acá estamos. 
Juli va en busca de un vaso de agua, saca de un blíster un ibuprofeno y se lo traga.
JULI: Por favor, ¿ahora necesito que volvamos a la normalidad?
JOSÉ MARÍA (con intención): ¡Sí, sí, volvamos a la normalidad, vos lo necesitás!
ADRIÁN ¡Uy, cortala, José!
Tiempo. Entra Luquitas, va hasta la mesada de la cocina, saca de un paquete una pila de galletitas, se pone una en la boca, se detiene a observarlos.
LUQUITAS: ¿Pasa algo?
JULI: Nada, mi amor.
LUQUITAS: ¿Seguro?
JULI: Seguro.
LUQUITAS: ¿Y la abuela?
ADRIÁN: Tu abuela se fue.
LUQUITAS: ¿Cómo se fue? ¿Adónde?
JULI: Después te explico.
LUQUITAS: Pero si sola no puede ir a ningún lado. Tío, vos dijiste…
JULI: ¡LUQUI, DESPUÉS! 
LUQUITAS acepta a disgusto, va a mirar por la ventana, sigue tragando las galletitas. ADRIÁN vuelve con el diario. Tiempo.
ADRIÁN: Escuchá, José, estábamos hablando con Juli, vamos a alquilar algo el próximo fin de semana largo en Uruguay, ¿no querés venir?
JOSÉ MARÍA: No, gracias.
ADRIÁN: Hacé un esfuerzo, nos va a servir a todos. La podemos pasar bien, en serio.
JOSÉ MARÍA: No me gusta la playa.
Tiempo. Se escucha ladrar al perro.
LUQUITAS: Má.
JULI: ¿Qué pasa, Luqui?
LUQUITAS: ¿Vos te acordás del abuelo Mario?
JULI: Sí, por supuesto.
LUQUITAS: ¿Cómo era?
JULI: ¿Cómo, cómo era? 
Luquitas mira por la ventana en dirección a la puerta de calle. El perro ladra.
LUQUITAS: El aspecto físico, digo, era alto, tenía el pelo canoso, ¿no?
JULI: Sí, ¿por?
El perro ladra más fuerte, JOSÉ MARÍA, ADRIÁN y JULI parecen comprender al unísono, giran la vista hacia LUQUITAS al tiempo que se escucha el timbre.

APAGÓN FINAL