martes, 2 de septiembre de 2014

Selma y la luz

Iglesia evangélica, sobre el escenario el PASTOR brasilero, trajeado, peinado a la gomina, habla al público. SELMA, sombrero, tapado negro, de una palidez verdosa, sentada en una silla a su lado, está a punto de desfallecer.
PASTOR: Amigus, muchas personas eshperan, eshperan y siguen sufri-endu, gimi-entu, aun no han tomado la decisión de buscar a este Dios vivu, a este Dios puru, a este Dios que sana, que cura, que transforma. Aquí estamos con nuestru testimonio de hoy, la señora Selma Parmesani viuda de Barzola, un ser atormentadu, un ser torturadu, un ser anhe-lante de ayuda...
Selma huele muy mal, el Pastor la olfatea, pone mala cara.
PASTOR: Las señora Selma, integrante de una hermosa familia de Don Torcuatu, vivió diez años involucrada con los eshpíritus, era midium...
Selma se ladea, está apunto de caerse de la silla, el Pastor la acomoda.
PASTOR: Y su vida de pronto empezó a marchar de mal en peor, prublemas tras prublemas, falleció shu maridu, falleció shu perru, falleció shu gatu siamés, con la liberación del mercadu telefónico los eshpíritus también la abandonaron, ya no se contactaban con ella. ¿Un sufrimiento grande, moito grande, no es así Selma?
SELMA (con un hilo de voz): Sí. No. Bah, no sé.
PASTOR (incómodo): Llegó un momentu en la vida de Selma en que la conmoción llegó al límite, la vida no tuvo shintidu, ya no quiría más, pensó en quitarse la vida. ¿No es así, Selma?
SELMA: Sí. No. Bah, no sé.
PASTOR (contrariado): ¿Puede ser más precisa?
SELMA: Yo estaba en el patio regando, en el cantero de los malvones y sentí como una voz, como un llamado...
Selma se ladea, el pastor vuelve a acomodarla, le echa desodorante de ambientes.
SELMA: Justo en ese momento se me enterró un taco en la tierra tropecé y me fui para atrás, me pegué acá en la nuca con la puerta del gallinero, me dije basta de dolores, basta de enfermedades, basta de espíritus...
PASTOR: Entonces allí sucidió, escuchó el llamadu de ese Dios vivu, de ese Dios puru, de ese Dios que cura, que sana, se entregó, se lanzó en sus brazos. ¿No es así Selma?
SELMA: Sí. No. Bah, no sé.
PASTOR: ¿Cómo qui no sabe?
SELMA: Fui hasta la gaveta en la que mi marido guardaba las tenazas, las pejerreyceras, la crema antiemorroidal y ahí encontré el arma...
PASTOR: ¿Un arma?
SELMA: Sí, un arma.
PASTOR: ¿Un rivolver?
SELMA: No, una ametralladora semi-automática de fabricación rusa. Me arrodille junto a la planta de quinotos. ¡Cuántos dulces de quinoto había hecho yo, envasaba, rotulaba y repartía por el barrio! Detrás, desde el gallinero venían las voces cantarinas de las gallinas que mi marido criaba con tanto apego. Y ahí me quedé reflexionando, reflexionando, reflexionando, hasta el viernes 4 de abril. 3262 horas reflexionando.
PASTOR: ¡Cuánta reflexión querida Selma! Y entonces ahí sucedió, nuestra hermana encontró la voz superior, encontró a ese Dios vivu, a ese Dios puru, a ese Dios qui cura, qui sana, qui li dijo: “Selma, abre las portas de tu alma, deja esa ametralladora semi-automática di fabricación china”…
SELMA: Rusa.
PASTOR: ¿Cómo?
SELMA: De fabricación rusa.
PASTOR: “Di fabricación rusa, proba un fruto de la planta de quinotos, iscucha las aves de granja, libera, libera tu alma torturada, abandona la idea de acabar con tu preciosa vida”. ¿Nu es así?
SELMA: Sí. No. Bah, no sé.
PASTOR (harto): ¿Cómo qui no sabe?
SELMA: Entonces me suicidé.
PASTOR: ¿Si suicidó?
SELMA: Me suicidé. Dije, “te pido perdón Cati”, Cati es la portera de enfrente con la que charlo mucho, “te pido perdón Amanda”, Amanda es la dueña del almacén, porque le quedaba debiendo dos paquetes de arroz y una caja de calditos Knorr.
Selma se ladea, el Pastor vuelve a acomodarla, le echa desodorante de ambientes.
SELMA: Y me pegué quince balazos aquí (se señala el estómago)
PASTOR (desconcertado, disimula): ¡Quí testimonio bello! La siñora Selma, pese a tener shu negociu con el ispiritismu, a tener shus gallinas y shus quinotos, shu auto ciro kilómetru, shu dúplex en Santa Teresita, llevada por la disisperación acaba con shu vida. Pero igualmente, una vez muerta de quince balazos aquí en shu estómagu, discubre a ese Dios vivu, a ese Dios puru, a ese Dios qui sana, abre su corazón, si arrodilla ante él y sale completamente recuperada. ¿No es así, Selma?
SELMA: Sí. No. Bah, no sé.
PASTOR (no la escucha): ¡Aleluia, aleluia hermanos! Y ahora sí, incorporémonos tudus
El Pastor ayuda a incorporarse a Selma, va en busca de dos vasos de agua.
SELMA: ¿Puedo darle un mensaje a alguien?
PASTOR: Sí, pero sia breve.
SELMA: Le quiero decir algo a Armando. Armando es mi marido: “Armando todavía me voy a demorar un par de días, tengo que dejar acomodada la casa, me tengo que bañar, hacer los trámites para el entierro, el nicho al lado del tuyo está bastante descuidado.
PASTOR (ignorándola, le da una copa): Buenu, buenu, Selma, livante la copa. Dios mío bindice este vasu di agua, conságralo, ricibe una nueva vida, la vida de Selma Parmesani viuda de Barzola, un ser que luegu de acribillarse a balazos finalmente encontró la paz en tu senu, una nueva integrante de la Iglesia Neo-Santificadora Cosmológica del Novinu Día.
Beben, a Selma le salen chorritos de agua por el estómago  agujereado por las balas.
PASTOR: Y ricuerden amigus, celebremos a este Dios pleno, bondadoso, qui acaba con el dolor y con el sufrimiento. Repitamos juntos: Aleluia, Salvador, aleluia Padre e Hiju. Entonemos ahora nuestro himnu:
Il Pastor, il Pastor,
il Pastor ti guiará.
Dejaló, dejaló
il Pastor ti guiará
Selma, que se volvió a sentar, se cae finalmente de costado. Sin dejar de cantar, el Pastor trata de sacarla del escenario empujándola con el pie, entran dos asistentes y se llevan el cadáver.
Il Pastor, il Pastor,
il Pastor ti guiará.
Dejaló, dejaló
il Pastor ti guiará.

APAGÓN